La experiencia pedagógica BAKEAZ BLAI inicialmente fue concebida como un programa pedagógico con presencia de víctimas educadoras pero terminó convirtiéndose en una experiencia educativa restauradora con carácter integral que merece ser contada y compartida.

La motivación principal para poner en marcha una iniciativa de estas características surge del desarrollo satisfactorio en 2008 de la exposición “Trazos y puntadas para el recuerdo. Una ventana de paz en Euskadi”. Esta exposición consistía en una muestra de los regalos (cuadros, tapices, patchwork…) que personas anónimas entregaron a los familiares tras los atentados del 11 de marzo en Madrid. En ella participamos junto con la asociación de Víctimas del 11M y el Gobierno Vasco.

Esta exposición integraba además, un programa de intervención pedagógica que la completaba. Este programa fue realizado por Bakeola que inició aquí su recorrido en programas de intervención con la presencia de las víctimas de manera activa y directa.

Era la primera vez en Euskadi que se realizaba un programa de intervención que contaba en su itinerario con la presencia de las víctimas. El desarrollo de este programa llevó a Bakeola a plantearse su posición con respecto a las víctimas del terrorismo y de motivación política aquí en el País Vasco. Esta experiencia nos hizo comprender lo que era una víctima educadora y su potencial constructor de paz, lo que suponía transformar el dolor de una pérdida injusta en un trabajo por la paz y la convivencia.

Una segunda motivación fueron los intentos previos de los diferentes ejecutivos autonómicos para la incorporación de las víctimas a los procesos educativos tanto en el ámbito formal como en el no formal. Fruto de estos intentos surgen las unidades didácticas “Historias que nos marcan” (2006-2008) y “Dando pasos hacia la paz - Bakerako urratsak” (2006 y 2010). Dos experiencias previas que supusieron el referente y la guía en la gestación y desarrollo de Bakeaz blai.

Es en este contexto, cuando Bakeola – Fundación EDE toma la decisión de poner en marcha un programa pedagógico integral propio y autónomo. Un programa que no estuviera condicionado por la confrontación pública de partidos, organizaciones e instituciones en esta materia, y cuyo objetivo principal fuera la atención y el cuidado de las personas participantes, así como las condiciones y el contexto del proceso pedagógico.

Lo que inicialmente fue concebido como un programa pedagógico con presencia de víctimas educadoras terminó convirtiéndose en una experiencia educativa restauradora con carácter integral que merece ser contada y compartida.